Los formularios de consentimiento informado.

Si lo que creen es que los formularios de consentimiento informado sirven como herramienta para librarse de responsabilidad médica en caso de eventos adversos en el tratamiento a un paciente, están equivocados: su eficacia para ese fin es nula, y el Tribunal Supremo mantiene este criterio de modo claro, taxativo, firme y reiterado desde hace años. Seguramente ocurre que está mal comprendido el concepto mismo de consentimiento informado y la finalidad del documento en que el paciente (o su representante) estampa la firma. Vamos a destacar en primer lugar los errores para después corregirlos.

 

¿Qué NO es el consentimiento informado?

NO es un escudo tras el que se parapeta el profesional sanitario en caso de problemas en el tratamiento, efectos adversos, complicaciones, errores, negligencias… No lo es.

NO es un formulario que se puede fotocopiar y entregar a cada paciente, con huecos para sus datos personales, lugar, fecha y firma.

NO es un “papel de abogados”.

NO es un documento que entrega al paciente el personal de enfermería, ni el auxiliar, ni el administrativo de la clínica. Tampoco el becario. Ni siquiera el médico residente.

NO es eso que tiene que firmar el paciente justo antes de entrar a quirófano.

 

Consentimiento informado definición

El error que apuntamos radica en confundir el consentimiento informado con la documentación en que se plasma.

El paciente, tras recibir del médico una información completa y adecuada para su caso concreto, está en condiciones de tomar decisiones. Esa decisión es lo que conocemos como consentimiento informado que, normalmente, se hace de forma verbal y otras veces es necesario que conste por escrito. Pero esa constancia escrita es posterior a la información que el médico debe ofrecer al paciente. Por tanto, la información al paciente es presupuesto del consentimiento de éste, y tal consentimiento, a veces, es necesario que conste por escrito, pero son cosas diferentes el consentimiento en sí y el documento en que se recoge.

Esta diferencia es crucial, ya que puede darse el caso de un médico que ofrece información al paciente de forma espléndida a la vez que recoge la firma de éste en un documento absolutamente genérico. Otro error.

El documento de consentimiento informado es el mejor medio para probar que el médico ha cumplido correctamente con su obligación de informar al paciente, y si se usan meros formularios con huecos para nombres, apellidos, fechas y firmas en que nada se habla de la situación concreta del paciente, valdrán de muy poco. Tengamos presente que, al ser un acto tan privado el de informar al paciente, no va a haber muchos testigos de lo que allí se ha dicho o ha pasado, por lo que el documento suele convertirse en la única prueba de lo sucedido en muchos de los casos.

 

¿Cuál es la validez de los formularios de consentimiento informado?

Por más que un determinado formulario venga redactado por la autoridad autonómica correspondiente o por tal o cual sociedad científica o por el Colegio de Médicos, si se usa como un mero formulario, eso será: un formulario. Y los formularios se consideran una manifestación de medicina defensiva, es decir, mala praxis.

Para entender esto vamos a usar un paralelismo habitual. Cuando contratamos una línea de teléfono, el suministro de electricidad, agua o gas o incluso un crédito con el banco, lo que acabamos por firmar es un documento en cuya redacción no interviene el destinatario del servicio, ya que viene impuesto por el suministrador, y poco –o ningún- margen de negociación hay en esos casos. Esos documentos se conocen como contratos de adhesión, y los jueces son muy restrictivos en su interpretación debido precisamente a que han sido impuestos por las empresas a los clientes, parte débil en la negociación y que debe ser protegida. Este ejemplo puede ayudarnos a entender por qué los meros formularios son tan mal vistos por parte de la justicia.

Salvando las distancias, lo cierto es que, aunque vengan avalados por esas autoridades y colegios mencionados, si se utilizan esos formularios sin más, rellenando los huecos y presentándolos a la firma, se está actuando mal.

La ley consentimiento informado exige que la información que se facilita al paciente sea personalizada y adecuada a su situación de salud, por lo que es necesario un trabajo de adaptación al caso concreto de esos documentos, contemplando situación personal, riesgos y consecuencias para esa persona, pronóstico y pasos a seguir. Esa información ad hoc debe ser ampliada, completada y precisada todavía más en los casos de medicina satisfactiva.

Los formularios publicados y recomendados a que antes nos referíamos son modelos orientativos, no una plantilla lista para imprimir, rellenar y firmar. Quien así los usa está cometiendo un grave error que, llegado el caso, jugará por completo en su contra. Y ese documento en que pretende ampararse para demostrar que actuó correctamente servirá para, precisamente, lo contrario: como prueba de una actuación incorrecta.

¿Quién debe preparar el formulario de consentimiento informado?

La ley consentimiento informado  establece que la obligación de informar corresponde al médico responsable del paciente, lo que no deja lugar a dudas. Sin embargo, es evidente que se trata de una carga de trabajo añadida a un profesional ya sobrepasado de tarea, por lo que entendemos que cabría la posibilidad de delegar la redacción del documento de consentimiento informado en una persona de su equipo convenientemente instruida y preparada para tal función. Lo que el médico deberá hacer, sin excusa alguna, es ofrecer pautas iniciales, revisar el documento, corregir posibles errores y dar el último toque antes de presentarlo al paciente.

Uno de los derechos de los pacientes es ser informado, y la obligación de informar al paciente corresponde al médico responsable, que debe cumplir esa tarea porque forma parte de sus obligaciones profesionales, de forma indiscutida por la jurisprudencia. No son “papeles de abogados”, decíamos antes, y es que forma parte de las obligaciones del médico informar al paciente, y en el incorrecto cumplimiento (o incumplimiento) de este deber radican alrededor del 80% de las demandas por responsabilidad profesional sanitaria: quien pretenda defender que «hacer esos papeles” no es cosa del médico necesita revisar las obligaciones profesionales de los médicos.

 

Si esto es así, ¿por qué se publican y recomiendan desde organismos oficiales esos formularios? ¿Para qué hacerlos si no sirven para nada? Repetimos la idea: son modelos, sirven de orientación pero no son válidos para usarlos sin realizar las adaptaciones necesarias al caso concreto. Deben usarse como modelos, no como documentos listos para su firma.

Deben llevar especial cuidado los profesionales de la sanidad pública. A ellos les exigen utilizar formularios normalizados por la autoridad autonómica correspondiente, y si los usan como meros formularios pueden padecer las consecuencias antes expuestas. Pero esos documentos tienen huecos para introducir más información, y se les pueden añadir anexos; como criterio profesional, se recomienda que siempre se completen y adicionen con datos específicos los formularios de consentimiento informado.

2 ideas en “Los formularios de consentimiento informado.

  1. Amparo Responder

    Como medico entiendo la necesidad de informar al paciente y que entienda que se le hace y porque la relacion medico paciente se debe basar siempre en una confianza mutua Pero luego nos obligan a rellenar y firmar consentimientos estúpidos que si no los das te dicen que si tienes una reclamación no te cubren los seguros de rc .

    • Francisco Lavale Autor de la entradaResponder

      Amparo, usted demuestra que entiende correctamente el deber médico de informar al paciente: enhorabuena, porque hay muchos no lo ven tan claro como usted.
      La necesidad de tener constancia escrita del consentimiento del paciente es una exigencia legal, pero ha generado una plétora de formularios en que muchas personas se limitan a rellenar los huecos creyendo (equivocadamente) que eso basta para evitar la reclamaciones. No es así. Las reclamaciones llegan o no independientemente del formulario: es en el correcto cumplimiento del deber de informar al paciente donde está la clave para resolver satisfactoriamente las reclamaciones cuando lleguen. Porque llegan habiendo formulario o sin él.
      Es necesaria mayor formación y divulgación en este sentido a los profesionales sanitarios, a los pacientes, a los abogados, a las compañías aseguradoras, a los gerentes de hospitales…
      Muchas gracias por su aportación.

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