Repudiar la herencia

Repudiar la herencia se ha vuelto más habitual como consecuencia de la grave crisis que hemos vivido, y cuyos efectos se siguen sintiendo. Este artículo trata de un caso real que he llevado y del que quiero hablar porque seguro que habrá más personas en esta situación. 

Muchos pequeños empresarios se arruinaron la crisis, tuvieron que echar el cierre y arrastraron a su vida personal las deudas del negocio debido a que habían avalado personalmente los préstamos y pólizas que necesitaban para sus empresas o porque ejercían como autónomos. 

Si alguna de estas personas fallece sin haber conseguido saldarlas, sus herederos se enfrentan a la posibilidad de recibir esas deudas y hacerse responsables de ellas.

 

Porque cuando alguien fallece, deja en herencia tanto lo bueno como lo malo.

 

Cuando alguien fallece, sus bienes y obligaciones quedan sin dueño y sus posibles herederos son llamados a la herencia, para que decidan si los aceptan o no. Una vez se ha manifestado esa decisión, no hay vuelta atrás. Tampoco es posible hacerlo sólo sobre una parte de la herencia, por un tiempo ni con condiciones. Es un todo o nada, o casi, como veremos.

Se trata de una de las decisiones más importantes que se toman, y hay que hacerlo con conocimiento y precaución.

 

Léxico

Los juristas usamos una serie de términos específicos que cualquiera que vaya a pasar por esta situación debe conocer para no perderse.

Una persona puede haber dejado testamento, y hablaremos de sucesión testamentaria, o puede haber fallecido sin haber hecho testamento, con lo que hablaremos de sucesión intestada o sucesión ab intestato.

El causante es el fallecido, la persona que era titular de un patrimonio que ha quedado sin dueño. A ese patrimonio sin dueño lo llamamos herencia yacente, en referencia a que hacemos como que duerme, esperando a un nuevo dueño.

Las personas que tienen la posibilidad de convertirse en dueños de ese patrimonio son los llamados a la herencia, y si finalmente deciden aceptarla se les llamará herederos.

Quienes repudian una herencia la rechazan y no llegan a convertirse en herederos, porque para eso es necesario que acepten la herencia.

Cuando un llamado a la herencia decide lo que va a hacer respecto a ella, sea aceptarla o repudiarla, los efectos de su decisión se aplicarán desde el mismo momento en que la persona es llamada a la herencia, que suele coincidir con el momento del fallecimiento del causante. Es decir, que aunque lo decida semanas después del fallecimiento del causante, será como si lo hubiera decidido desde el mismo momento del fallecimiento.

La decisión de aceptar o repudiar una herencia es personal y no depende del resto de llamados a la herencia: en caso que, para una misma herencia yacente, sean llamadas varias personas distintas, cada una decidiría en libertad si quiere aceptar o rechazar. No es necesario que se pongan de acuerdo y hagan todos lo mismo.  

 

Aceptación de la herencia

Suceder a alguien que ha fallecido supone ocupar su lugar patrimonial, convertirse en titular de lo que esa persona tenía, ya fueran bienes y derechos o deudas y obligaciones.

Hay varias alternativas posibles para aceptar una herencia: aceptación pura y simple, aceptación a beneficio de inventario, y ejercer el derecho de deliberación.

Aceptación pura y simple

La aceptación más habitual, por ser la más extendida supone que se adquiere la posición patrimonial del fallecido. Con los pros y los contras.

Si no se declara expresamente otra cosa ante notario, cuando alguien acepta una herencia o usa de los bienes que la componen como si fuera el dueño, acepta pura y simplemente. Esta modalidad de aceptación es la única que puede hacerse sin acudir a notario: si un llamado a la herencia actúa como si fuera del dueño de los bienes, se considera que está aceptando pura y simplemente. Es lo que llamamos aceptación tácita, mientras que ante notario se hace la aceptación expresa.

Es recomendable estar muy seguro de lo que se está aceptando antes de hacerlo: recordemos que no cabe arrepentirse después.

Aceptación a beneficio de inventario

En caso de duda (por pequeña que sea) de qué bienes componen una herencia yacente, o el importe de las deudas o los valores de unos y otras que pudiera haber, es preferible aceptar a beneficio de inventario.

Esta posibilidad consiste en declararlo así ante notario y se pondrán en marcha una serie de protocolos con los que se trata de pagar las deudas que pesan sobre esa herencia con los bienes de ésta. Una vez se haya hecho, se reciben los bienes que pudieran quedar, ya limpios de posibles deudas.

La aceptación a beneficio de inventario supone que las deudas que pudieran haber se pagarán con los activos de la herencia yacente y sólo se reciben bienes, pero no deudas. Si el valor de las deudas fuera superior al de los bienes, los llamados a la herencia no recibirían nada.

El inconveniente que podría darse es que, para pagar deudas, se vendieran bienes de los que no quieren desprenderse por tener un alto valor sentimental o porque valen de lo que se paga en esa venta.  

Derecho de deliberar

Hemos visto que el riesgo del beneficio de inventario es que la liquidación de deudas se lleve por delante bienes por importes menores al valor real que tienen, o del que los llamados les dan por razones sentimentales.

Una tercera opción es solicitar ante notario que se forme inventario a fin de poder así valorar qué hacer: en eso consiste el derecho de deliberar, y no supone ni aceptación ni repudiación… todavía.

En ese inventario formado ante notario se recogerán tanto los activos como los pasivos de la herencia yacente y, con esa información, los llamados a la herencia podrán decidir qué hacer: aceptar pura y simplemente, aceptar a beneficio de inventario, o repudiar la herencia.

 

Repudiación de la herencia

Las razones para repudiar una herencia sueles ser claras: si el importe de las deudas supera largamente el valor de los bienes en una herencia yacente, lo recomendable es repudiar la herencia.

Se trata de una declaración formal ante notario totalmente libre: tanto aceptar como repudiar una herencia son actos libres.

Esa libertad supone que nadie puede obligarnos ni a aceptar ni a repudiar, pero sí es posible hacer que una persona diga de forma expresa qué quiere hacer respecto a la herencia a que es llamado. Que se decante, libremente, pero que se decante de forma expresa. Se evita así que una herencia yacente quede sin repartir entre los posibles herederos porque uno no diga qué quiere hacer.

Cuando los llamados a la herencia son personas mayores de edad en pleno uso de sus derechos, pueden hacerlo por sí mismos acudiendo ante notario, y lo mismo sucede si desean aceptar –en cualquiera de las posibilidades anteriores-. En eso consiste el procedimiento para repudiar la herencia,

El efecto de repudiar una herencia es que esas deudas hereditarias no pasan a ser del llamado a la herencia, que no las recibe y no le podrán ser reclamadas: porque nunca le han pertenecido.

Es decir, que si se repudia una herencia no hay que pagar impuestos por esa herencia, puesto que no se ha llegado a adquirir.

 

¿Quién puede repudiar una herencia?

Al igual que sucede con la aceptación, sólo puede repudiar la herencia la persona que haya sido llamada a suceder al causante; es decir, alguien que, bien por la ley bien por el testamento, tenga la posibilidad de convertirse en heredero y titular de esos bienes y obligaciones que componen la herencia yacente, que es el patrimonio que dejó el causante a su fallecimiento.

Plazo para repudiar la herencia

Si bien para aceptar una herencia no hay plazo, la repudiación debe hacerse en el plazo de seis meses desde que la persona es llamada a la herencia.

¿Qué pasa con los acreedores?

Las personas a las que el fallecido debía de pagar son los acreedores de la herencia yacente, y sus créditos constituyen las deudas que se recibirían en caso de aceptar la herencia. Pero si los llamados a la herencia la repudian, estos acreedores pueden solicitar al juzgado que se les permita adquirir los bienes que pudiera haber en la herencia yacente para cobrar en la medida de lo posible.

Si los llamados a la herencia la repudian, los acreedores no podrán reclamarles por este concepto. Tampoco pueden obligar a nadie a aceptar una herencia, pues hemos visto que tanto la aceptación como la repudiación son actos libres: tratar de engañar u obligar a alguien a aceptar una herencia puede ser un delito.

 

Repudiar la herencia por menores

El caso que llevé y quería plantear en este artículo es el de una persona que, al fallecer, dejó deudas por un valor notoriamente superior al de los bienes y derechos. La peculiaridad es que, entre las personas llamadas a sucederle, había menores de edad.

El sentido común podría hacernos creer que basta con que los representantes legales de los menores (normalmente, el cónyuge viudo o los padres) acudan al notario para repudiar la herencia a que los menores son llamados. No es tan sencillo.

Como hay menores, y a fin de asegurar que su bien es protegido en todo momento (especialmente en casos de posibles conflictos de intereses con sus representantes legales) se exige que esta repudiación sea autorizada por un Juez, previo informe del Ministerio Fiscal.

Debe iniciarse un procedimiento de jurisdicción voluntaria ante el Juzgado de Primera Instancia del último domicilio conocido del causante, con Abogado y Procurador si el importe de las deudas o los bienes alcanza o supera la cantidad de seis mil euros.

El escrito en que se solicite, sin ser formalmente una demanda, sí que contiene los elementos básicos de toda demanda: identificación de los solicitantes y su representación legal, explicación de la situación, qué se pide del Juzgado y pruebas en las que se fundamenta esa petición.

Así, en aquel caso me ocupé de señalar ante el Juzgado los siguientes extremos:

  • La identificación del fallecido, mediante el certificado de defunción.
  • Los representantes legales de los menores, con certificados de nacimiento del Registro Civil.
  • La condición de llamados a la herencia de los menores, que en ese caso era por testamento, por lo que se aportó el testamento.
  • Se acreditó la relación de bienes que componían el activo de la herencia yacente, mediante una lista y las pruebas correspondientes (documentos bancarios, notas simples y otros documentos de titularidad).
  • Los bienes fueron valorados conforme a precios de mercado y valores oficiales a efectos de pago de impuestos.
  • Se acreditó el volumen de deudas y su importe mediante la aportación de documentos judiciales de reclamación de los importes adeudados al causante, reclamaciones administrativas en período ejecutivo, burofaxes de los acreedores…

Al aportar una relación de bienes y obligaciones de forma completa, exhaustiva y acreditada, el Ministerio Fiscal se mostró favorable a la solicitud formulada, y el Juzgado concedió finalmente permiso para que se pudiera repudiar la herencia en nombre de los menores. Desde que presenté la solicitud en el juzgado hasta que se nos comunicó la resolución judicial no llegó a pasar un mes.

Cuando la decisión judicial fue firme, se pudo acudir ante el notario para realizar, finalmente, la repudiación de la herencia en nombre de los menores.

 

Siendo una situación desagradable añadida a la pérdida de un ser querido, puedo decir que se resolvió satisfactoriamente a los intereses de los menores, que quedaron libres del peso que una herencia onerosa y cargada de deudas habría supuesto en sus jóvenes vidas.

 

Acudan a un abogado en caso de dudas sobre herencias, ya que las consecuencias pueden ser para toda la vida.

A veces, la mejor opción es repudiar la herencia.

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