CRISPR y los límites de la ley

La técnica CRISPR está a punto de romper los límites de la ley.

Francisco Juan Martínez Mojica (o Francis Mojica) es un investigador alicantino internacionalmente reconocido. Ha desarrollado una técnica de edición genética, el CRISPR, que permite tratar enfermedades que hasta ahora no tienen remedio posible.

La técnica CRISPR permite editar el ADN de cualquier ser vivo, humanos incluidos, eliminando defectos y errores para sustituirlos por su versión corregida. Hoy en día ya se usa para tratar enfermedades hereditarias pero hay un pequeño gran problema: la legislación vigente.

Esta técnica se encuadra dentro de la llamada terapia génica, que consiste en introducir en las células de un paciente que padece una patología causada por un defecto genético, material genético destinado a corregir el defecto, bloquear su manifestación o facilitar el tratamiento.

El uso actual de esta técnica se encuentra limitado a los pacientes que ya padecen la enfermedad, pero no es posible, con la ley en la mano, impedir que la enfermedad hereditaria se transmita a la descendencia. Para entender el texto legal necesitamos saber que llamamos línea germinal a la parte del ADN que se transmite a las siguientes generaciones mediante las células sexuales; es decir, que la línea germinal es la herencia genética, ya sea buena o nefasta.

CRISPR y leyes

El artículo 90, párrafo segundo, del Reglamento UE 536/2014, del Parlamento Europeo y del Consejo, de 16 de abril de 2014, sobre ensayos clínicos de medicamentos de uso humano dice textualmente: “No podrán realizarse ensayos clínicos de terapia génica que produzcan modificaciones en la identidad genética germinal del sujeto”.

Esta norma ha sido copiada en el artículo 17.3 Real Decreto 1090/2015, de 4 de diciembre, por el que se regulan los ensayos clínicos con medicamentos: “Quedan prohibidos los ensayos clínicos con medicamentos de terapia génica que produzcan modificaciones en la identidad génica de la línea germinal de la persona”.

Es decir, que en Europa está prohibido realizar ningún tipo de ensayo clínico destinado a modificar la herencia genética.

Esta prohibición tiene cierta razón de ser: evitar la manipulación intencional del genoma humano para eliminar rasgos raciales, o potenciar otros rasgos, crear humanos con características a medida para determinadas actividades…

Se trata de proteger la diversidad humana y nuestra misma dignidad, evitando crear humanos con características “prefabricadas”, ya que eso podría suponer –con dinero de por medio- humanos alterados genéticamente para ser más listos, fuertes y sanos: un problema ya tratado en libros y películas de ciencia ficción.

Sin embargo, esa prohibición tan tajante está haciendo que nazcan personas con enfermedades gravísimas que podrían ser curadas antes de ser concebidas siquiera.

Porque se prohíbe la investigación, y sin ella, no hay terapia, tratamiento ni prevención posible.

Algunas de las enfermedades hereditarias que esta prohibición está permitiendo que sigan existiendo son: celiaquía, hemofilia, anemia de células falciformes, distrofias musculares de Duchenne y Becker, fibrosis quística, hemocromatosis, neurofibromatosis, enfermedad de Huntington, osteogénesis imperfecta (huesos de cristal), miocardiopartía hipertrófica, progeria…

Pero que nadie se alarme, que la solución es sencilla: modificar las leyes.

La dificultad de modificar las leyes

La solución es sencilla. Teóricamente. Diariamente se modifican leyes por cuestiones menos importantes que evitar enfermedades tan graves pero… se trata de enfermedades raras. Que afectan a pocas personas. Que apenas pueden congregar gente en una manifestación, y mucho menos suponer un grupo notable de votantes capaz de presionar a políticos.

Esa es una enorme dificultad que afrontan estos enfermos y sus familias: que se sienten abandonados en la sociedad. Los políticos les abrazan y se hacen la foto con ellos, pero el tiempo pasa, nadie cambia y la excusa es que es una cuestión muy compleja, con muchos matices y que implica mucho riesgo, que los técnicos no son unánimes… Y nada cambia para esos enfermos en minoría.

La solución, de hecho, ya se previó en 1995, cuando nuestro Código Penal trató la manipulación genética y se consideró delito cualquier manipulación de genes humanos que altere el genotipo con fines diferentes a la eliminación o disminución de taras o enfermedades graves (art. 159.1 CP).

Autorizar la manipulación del genoma supone abrir una puerta peligrosa, cierto. Pero el camino ya está apuntado en España por el propio Código Penal: bastaría autorizar sólo aquellos ensayos dirigidos al tratamiento, eliminación o disminución de enfermedades graves.

Pero no basta con modificar la norma española: hay que cambiar el Reglamento Europeo antes para poder cambiar la norma española después. Y si por algo se caracterizan las instituciones europeas es por sus interminables debates.

Bioética al rescate

Para decidir si un ensayo se autoriza o no, las autoridades competentes se apoyan en Comités Éticos que dictaminan acerca de la protección de los derechos de los sujetos implicados en el ensayo. Para ello, se basan en las leyes y en los cuatro principios de la bioética, que son:

  • No maleficencia: no causar daños ni perjuicios a otros.
  • Justicia: disminuir la desigualdad y excluir la arbitrariedad.
  • Beneficencia: actuar en bien de los pacientes.
  • Autonomía: la capacidad de decidir por uno mismo. Su mayor manifestación es la necesidad del consentimiento informado del paciente.

Su aplicación al caso concreto, la posible colisión entre ellos y la relación riesgo-beneficio en un posible ensayo clínico son las claves necesarias para decidir si autorizarlo o no.

Habrá quien diga que no se pueden hacer experimentos con embriones: pero no es lo que planteo.

Propongo un pequeño ejercicio de imaginación. Parto de la hipótesis de un ensayo basado en la técnica CRISPR que busca modificar el genoma almacenado en espermatozoides y óvulos para que enfermedades como las mencionadas antes no lleguen a producirse. Repito: no el embrión, sino los gametos, las células sexuales masculinas y femeninas. En este eventual ensayo clínico, apliquemos los principios de la bioética para ver si resultaría ético autorizarlo:

  • No maleficencia: el ensayo modificaría células incapaces de producir, por separado, vida independiente. El ensayo pretende encontrar el modo de eliminar secciones de ADN que provocan enfermedades graves: al tratar directamente el contenido genético de las células sexuales, el futuro embrión no tendría esa enfermedad en su memoria genética y no sería posible que la transmitiera a su futura descendencia, lo que no busca provocar mal alguno.
  • Justicia: mediante la aplicación de la técnica que se pretende ensayar, se busca eliminar gravísimas enfermedades que convierten a las personas en enfermos crónicos, personas dependientes o reducen notoriamente su esperanza de vida. Erradicar esas enfermedades supone evitar la desigualdad que esas patología provocan.
  • Beneficencia: parece claro que cualquier persona quiere disfrutar de un buen estado de salud, y este tipo de enfermedades perjudica la salud, así que evitarlas supone mejorar el estado de salud de la persona. Eliminando progresivamente el rastro genético de esas enfermedades aumentaríamos la salud general de la población.
  • Autonomía: el paciente no ha sido concebido siquiera, no existe todavía, por lo que no puede decidir. Serían las parejas portadoras de genes afectados por esos defectos las que decidieran que se trate a sus células sexuales para desactivar esa bomba genética y sustituirla por genes funcionales.

Por supuesto, la técnica CRISPR presenta riesgos: cabe la posibilidad de alterar genes sanos. Siendo muy conscientes del riesgo que las técnicas de manipulación genética suponen, entiendo que hay razones éticas de peso para autorizar este tipo de ensayos clínicos y aprender a hacerlo correctamente. Existe un riesgo, pero el beneficio esperado es muy grande para toda la humanidad, no sólo para los enfermos o los portadores: hablamos de poner eliminar del genoma humano enfermedades gravísimas y, ahora mismo, incurables.

Tal vez compartan mi criterio, que es favorable a la realización de un ensayo como el propuesto basado en la técnica CRISPR descubierta por Francisco JM Mojica. Lo cierto es que ya se han hecho, pero fuera de Europa, ensayos aplicando esta técnica a células reproductoras humanas justo antes de la fecundación del óvulo, eliminando enfermedades genéticas en el proceso.

El CRISPR y los expertos internacionales

Muchos pioneros han empujado las barreras de su tiempo, haciendo que la ciencia avance y progrese en beneficio de la propia sociedad.

En la Edad Media se creía que eso de lavarse a menudo no era bueno para la salud. En su tiempo, era una barbaridad abrir cadáveres para estudiar la anatomía humana y hoy se hace en todas las facultades de medicina del planeta. Hubo muchas voces contrarias a utilizar órganos animales para trasplantes en humanos.

Francis Mojica es un innovador. En España no le han dado el premio Princesa de Asturias, sino que se lo dieron a una pareja de científicas -francesa y estadounidense- por una publicación basada en el descubrimiento de Mojica: me avergüenza esa decisión de olvidar al descubridor español para premiar el estudio derivado extranjero. Algo muy español. Ahora se postula al alicantino como candidato al Nobel. Mis mejores deseos, tocayo.

La American Journal of Human Genetics ha publicado un manifiesto firmado por once organizaciones internacionales del campo de la genética que admiten que es necesario investigar la aplicación de la técnica CRISPR en embriones humanos, pero admiten que todavía no puede hacerse de cara a implantar esos embriones y conseguir un embarazo: es pronto para saber de la viabilidad y los riesgos que supone. Es decir, hay que estudiar e investigar mucho todavía antes de hacer que nazcan personas libres de esas enfermedades.

La técnica CRISPR ha nacido en la vieja Europa pero, mientras no se modifica la normativa, en otras partes del planeta investigan y aquí siguen naciendo niños con enfermedades terribles e incurables. Para evitarlo, basta con romper los límites de la ley vigente y avanzar un poco más.

Francisco Lavale
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6 ideas en “CRISPR y los límites de la ley

  1. Stella Zevallos Responder

    Muy interesante.Mi opinión es que cuando algo tan evidente no se mejora es porque política/ económicamente,hay detrás muchos intereses.No hay dudas sobre los poderes de los laboratorios farmacéuticos y de los políticos corruptos que son necesarios comprar.
    Quizás ello explique cosas muy básicas como lo q presentaste

    • Francisco Lavale Autor de la entradaResponder

      Desgraciadamente, esas son algunas de las constantes en este mundo.
      Con transparencia en la gestión pública, supervisión efectiva e independiente, e incluir entre las sanciones la devolución de los importes obtenidos de forma ilícita más otra cantidad del mismo importe, creo que se atajaría bastante.
      En cuanto a los intereses de las empresas privadas, es evidente que miran por su beneficio. Y es legítimo. La cuestión es impulsar la investigación pública para que los avances lleguen a sectores que las empresas no ven rentables, como son las enfermedades raras.

  2. Pingback:El dilema ético en modificaciones genéticas mediante el uso de CRISPR/Cas9 – Bioética (Grado en Bioquímica. UCLM. Toledo)

  3. Alba del Carmen Bonete Lax Responder

    Buenos días:
    Somos un grupo de estudiantes de biotecnología de la Universidad Miguel Hernández. Para una de nuestras asignaturas de último año estamos realizando un trabajo docente de investigación sobre la terapia génica, que ha de incluir tanto información científica como a nivel de legislación y regulación social. Esta publicación nos ha resultado muy interesante, por lo que nos preguntábamos si podría concedernos una pequeña entrevista. No sería muy larga (unos 10-15 min) y le preguntaríamos acerca de su opinión sobre la legislación actual de la terapia génica, sus aportaciones y limitaciones y la proyección futura. Podríamos hacerla por teléfono o desplazarnos a Alicante para hacerla presencial. Muchas gracias!

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